Sunday, July 02, 2006

Boyz in the Hood (Part Two)

Vuelven las historias del Federico García Lorca (a veces las cosas horribles reciben nombres fantásticos, que no?). Hoy no hablaremos de legendarios personajes del centro, sino de las condiciones de cierta insalubridad en las que vivíamos los alumnos.

El habitáculo con más polvo del mundo. Nosotros lo llamábamos "gimnasio". Dentro había dos alfombras larguísimas y llenas de mierda/tierra/polvo que debíamos extender y recoger constantemente para hacer algunos ejercicios. Estoy seguro de que, tras años de exponernos a bacterias de todo tipo por culpa de esas alfombras, los alumnos del Federico García Lorca hemos desarrollado algún tipo de inmunidad a múltiples enfermedades. También teníamos colchonetas. Colchonetas que eran más duras que el suelo. Míticas.

Serrín everywhere. El ratio alumno/pota era altísimo en el FGL. A cada pota le correspondía un montón de serrín encima. Todos los días veíamos serrín. Un porcentaje significativo del Amazonas ha desaparecido por culpa de los alumnos del FGL.

La mesa de los mocos. Un día se descubrió una mesa que tenía decenas de mocos pegados en la parte inferior. No moco-moco tipo blandiblú. Moco con parte blanda, pero también con parte sólida. Alguno hasta con sangre. Brutal. No se supo a ciencia cierta nunca quién estuvo utilizando esa mesa, pero se sospechaba mucho de Rafa.

Sub-ítem Rafa:

- Raimundo, profesor perro donde los haya, decía que daba un punto en los exámenes sólo por escribir bien el nombre. Rafa no obtuvo ese punto en uno de los tests. "Aquí no pone Rafael Rodríguez", dijo Raimundo para que lo escuchara toda la clase. "Aquí pone Rofo El Rodriguez". Y se quedó sin el punto.

- "Vamos a ver, qué es esto?" preguntó cabreada la profesora de octavo de EGB señalando una circunferencia. "Un redondel", respondió Rafa. Un redondel. Ocho años habían transcurrido y aún llamaba a los círculos/circunferencias como en párvulos. Insuperable.
El lago de saliva. El compañero con la madre más fea del colegio tenía como costumbre escupir al suelo un montón de saliva cada cinco minutos aproximadamente. A última hora de clase, ya se podía hablar de un mini-lago. Por algún motivo, eso me hacía reír a carcajadas. (La madre era fea, pero su hermana menor, cosas del ADN, prometía muchísimo. Se la vio enrollarse con algún niño de unos 11 años en el patio).

Los proyectos de estalactita. En los últimos meses en el colegio, se puso de moda disparar bolas de papel mezcladas con saliva al techo con el canuto del boli. Jamás caían. Ahí quedaban acumuladas, cada día más. Segurísimo que siguen ahí. Antes caerá el piso superior por culpa del sobrepreso provocado por las bolas que las bolas por si solas.

FGL. Grande.

AGUR!

2 comments:

juanele said...

Me encantan las historias del FGL. Sobre los canutos de boli bic añadiré que en mi colegio de monjas (similar al de barry pero sin gayers) en vez de disparar al techo (que tb) disparabamos a la pizarra en clase de dibujo y cuando el tio iba a borrar aparecia una gran linea de baba por toda la pizarra con el conseguiente cabreo del imbecil, aunque al dia siguiente se la volviamos a hacer.

sue said...

Joé, tío, las historias del FGL son igualitas, igualitas que las del Perú (el Perú era mi cole). Colchonetas más duras que el suelo, mocos pegados y bolas con saliva. Una de ellas, por cierto, me entró en un ojo. Creo que fue entonces cuando decidí estudiar y salir de allí lo antes posible.